Gracias…

Primero que nada quiero agradecer a mi marido por esta presentación que, lejos de ser un evento formal, es una fiesta. Tanto él, como yo, los invitamos a ustedes para celebrar una historia que hoy se concreta, y no me refiero solamente a “Entre mundos”, sino a mi sueño de ser escritora.

Hasta ahora, sólo había tenido oportunidad de publicar algunos cuentos infantiles. “Entre mundos” es mi primera novela, y cuenta la historia de una mujer que juega en un universo virtual con el pretexto de pasar tiempo con su hijo. La realidad es que conozco el juego porque soy jugadora. A éste, en mi novela, lo llamo El Mundo. Jugué en línea durante meses, con roles distintos en diferentes escenarios, sin concebir que inventaría esta aventura. Incluso, debo haber creado seis o siete alters antes de Menia, la maga protagonista en mi novela.

Recuerdo en una ocasión preguntarle a mi marido si no estaba yo dejando a un lado mi vida, a causa del juego; sus palabras, textuales, fueron: “es pasajero, disfrútalo mientras dure”.

Menia, mi compañera de esparcimiento, me dio la oportunidad de explorar mundos fascinantes. Luego, se hizo musa, y durante casi dos años me confirió la suerte de recrearla con mis letras. Ella sobrevivió a muchas historias, quién sabe cuántas o qué tan reales… suficientes, creo, para colmarme de ensueño; traerla conmigo, con ustedes, sacarla de ese otro universo, y concretar mi deseo de escribir.

La primera vez que lo platiqué con Beatriz, ella me dijo “Cuenta la historia, nada más cuenta”. De esto, hace ya casi tres años. Lograr que mis compañeras de taller visualizaran un entorno completamente ajeno a ellas, fue lo más complejo. A Beatriz y a Jaya les debo por el enorme esfuerzo para comprender el juego en el contexto virtual. Crear a los otros personajes, entrelazar los mundos, combinar el pasado de la vida cotidiana con el presente en el juego. Encontrar el hilo conductor para ambos universos; que los protagonistas fueran en este ir y venir constante, cruzando portales en escenarios casi tan reales y mucho más hermosos.

Días completos escribiendo algún párrafo o solamente contemplando el monitor. Noches enteras sin dormir. Los personajes se hicieron míos cuanto más me volví yo de ellos; envolvieron mi espacio, se desordenaron, me aturdieron, trastornaron mis horas de sueño, las comidas, los fines de semana… hasta que tomaron voz propia y me dictaron a seguir.

A mi esposo le debo la paciencia, el soporte, la tolerancia… Fueron muchos los meses de ausencia.

Y, cuando al fin terminé, la angustia, la pregunta constante de si mi trabajo importaría. Me acerqué de nueva cuenta a Beatriz y le pregunté: “¿Sirve?”. Sus palabras exactas fueron: “Tiene tanto valor como la pasión que le concediste”.

Gracias a mis hijos, Elena y Luis, porque me llenan de razones para seguir escribiendo. A Beatriz Graf, porque nunca dejas de enseñarme, por el juicio, por la confianza y por la entrega. A Jaya Torenberg, una de las señoras más ilustradas en mi vida, por la crítica, por la amistad, y por estar aquí, presentando esta novela. Ana Karen Becerril, gracias por publicar “Entre mundos”. Mis maestros: Manuel Pereira, Caty Cabezas, y mis papás, que me abrieron la puerta a la literatura. A mis amigas, les agradezco el apoyo; en especial a América, una de las mujeres que más admiro.

Gracias a todos por estar aquí.