Por Luis Moyano

Desde pequeña, Inés soñó con publicar un libro. Hoy, ese sueño es una realidad.

Gracias a todos ustedes por acompañarnos esta noche, para celebrar juntos a su primera novela “Entre mundos”.

Ella siempre ha tenido esa capacidad innata de escribir, y a lo largo de los años me ha demostrado que, por más que la gente opine lo contrario, el oficio no se aprende, ni se enseña; también me ha demostrado, con hechos, y a pesar de ser esposa y madre, que se toma el tiempo para desarrollar lo que más le apasiona, escribir.

A través de su escritura ha transitado por múltiples escenarios, cantidad de situaciones, emociones y personajes; la calidad de su obra literaria es un universo en sí misma.

De Inés, la autora, a quién conozco por más años de veinte años, sólo les puedo decir que aún hoy sigo impresionándome con su capacidad de creación. Ella tiene la habilidad de transformar lo que ve, lo que escucha, lo que siente; cualquier evento, por más trivial que sea, lo convierte en una aventura divertida de contar y más aún, de ser leída. Son esos pequeños eventos, los que uno no capta, que para ella se convierten en grandes elementos ígneos que provocan toda una explosión de ideas que, posteriormente, se desbordan en esta cadencia de secuencias rítmicas que son sus letras.

Así pues, uno no puede creer que estando en la 5ª avenida en Nueva York, su parte artística evoque el recuerdo de aquello que alguna vez leyó, que dice que “cuando los días rojos son terribles, lo único que le viene bien es ir a Tiffany, porque nada malo puede ocurrir allí”, líneas tomadas directamente de la obra “Desayuno en Tiffany´s” de Truman Capote, y llevada a la pantalla grande con la actuación Audrey Hepburn.

Ese evento, que pareciera insignificante, culminó en una obra divertida, amena y llena de emociones, a pesar de que pocos días antes “habían llovido tiburones sobre Nueva York”, por el paso del huracán Sally.

Leer a Inés y su prolífica colección de obras es una experiencia maravillosa, es una delicada caricia que siempre nos trastoca, nos transforma y nos invita a participar en ese mundo imaginario que ella crea para nuestro deleite.

Desde sus divertidas críticas literarias, como la que hace con mucho sarcasmo al libro de “Las 50 Sombras de Grey”; sus cuentos para niños como Ehécatl, la máscara del viento, o Tonathiu, El cucarachero, Toc Toc Toc; todos éstos llenos de ilusión y fantasía; sus obras como Magdalena, la mujer de los ojos tristes, o Miré a través de la puerta, y mi favorito: Trance, te llevan a reflexionar sobre la condición humana que vivimos. Hoy, Inés da un gran paso y finalmente nos regala un ambicioso escrito, su primera novela “Entre mundos”.

“Ente mundos” cuenta la historia de Mariana, una mujer en los 40 con una vida ordenada y metódica, con un marido perfecto y dos hijos perfectos (nótese, cualquier parecido a la realidad es pura coincidencia, sobre todo la parte del marido). En la novela, Mariana decide jugar en línea y en tiempo real, para tener algo más que compartir con Javier, su hijo adolescente. Sin embargo se enfrenta a una sociedad donde las relaciones humanas son igual o, inclusive, mucho más complejas que las del mundo real.

A través de sus letras, nos encontramos en la complejidad de las relaciones personales enunciadas con la sutileza de su pluma, tanto del personaje de Mariana, como del de su alter ego “Menia”; princesa gitana de casta, jerarquía y linaje.

Mariana y Menia conviven con personajes reales y virtuales en esos mundos complejamente entrelazados, donde la fina frontera entre ambos muchas veces se borra, y perdemos la noción de qué personaje vive en cuál.

Inés nos da una lección de vida, contándonos una serie de encuentros y desencuentros, de sueños e ilusiones, amores y desamores, con todas las alegrías y tristezas que conlleva el simple hecho de vivir. Este libro nos hace recordar que nuestros anhelos de ayer ya no son los de hoy, que los sueños cambian y evolucionan con nosotros, y que no debemos aferrarnos a un pasado que ya no puede existir. Es válido admitir que una parte nuestra busca siempre descubrir algo distinto y, en la novela, Inés aprovecha de manera inteligente esa característica humana, plasmando la ilusión caballeresca de las mujeres que esperan a ser rescatadas por un príncipe azul en brillante armadura; sin pensar que el famoso paladín también puede romperles el corazón.

Inés nos hace también reflexionar en cuántas veces respondemos en automático a las personas que más queremos, por la simple cotidianeidad de convivir. Ya no nos detenemos a pensar en el impacto de nuestras palabras o en las expectativas de las otras personas, como es el caso cuando Mariana le pregunta a Fernando si la quiere y “él responde que sí, como tantas otras veces había afirmado que Mariana es la mujer de su vida”.

A través de su lectura, propone definiciones nuevas para conceptos viejos que nos obligan a detenernos a recapacitar en estos tiempos acelerados por la modernidad tecnológica. Define al tiempo, particularmente, “como el imperativo puntual del recuerdo”, y seguido nos cuestiona “qué somos, sino anécdotas estampadas en un presente impreciso”.

El proceso de creación literaria de Inés, evoca una literatura moderna que exige que nos deslindemos de los elementos mismos que ella maneja, con el objeto de descubrir principios en los que se apoya para sostener su creación. Interpretando su obra, cada uno de nosotros nos volvemos también creadores de ese mundo de ficción.

La imaginación desbordante de Inés nos lleva a releer pasajes, debido a su limpieza y estructura tan bien lograda, como cuando Mariana, seductoramente, nos platica que “Fernando abotona la blusa y se aparta… Mariana se acerca despacio, acaricia el semblante delicado y besa los labios…advierte un gesto amenazante…Entonces llama a otro hombre, uno que no le pertenece y lo invita a que intervenga”. Muchos dicen que sólo se puede escribir de lo que uno conoce pero, después de leer este párrafo, espero que “Entre mundos” sea totalmente ficción (o me van a empezar a doler los cuernos).

Al intentar describir la esencia de “Entre mundos” me di cuenta que no hay mejores palabras que aquellas que la propia autora escribe en su obra:

“La maga está en silencio, observa a Mariana pensativa. Probablemente esté preguntándose la forma de acallar el tormento. Entre mundos, la escucha decir, realidades alternas y tangibles”.

De nueva cuenta, muchas gracias por acompañarnos.