Por Beatriz Graf

Presentación de “Entre mundos”.

Empiezo confesando abiertamente mi respeto y admiración por Inés Récamier. Soy testigo presencial de su proceso literario, de su empeño, de su crecimiento creativo. Una forma íntegra para llegar a lo que ya es de oficio: escritora.

Entre mundos”, su primera novela, lo evidencia. Inés eligió un tema siempre actual: el proceso de la mujer en transformación. Un espejo que condensa la condición de algunas mujeres, de entre 45 y 50 años, atrapadas en su vida casi perfecta. Y tienen, sin motivo preciso, necesidad de vivir una fantasía. Jugar. ¿Están  hechas de lo que viven, tanto como de lo que ilusionan ser?

La forma que opta Inés, hace de ésta una novela contemporánea: es a través del universo virtual que mueve sus mundos. Jugar. Vigente, también, porque Mariana, la protagonista, se apoya en su hijo para que le enseñe a navegar. ¿No es verdad que ahora son los hijos quienes nos muestran cómo dirigir máquinas, ingenios, artificios, mecanismos? El hijo ofrece, “¿Quieres jugar?”. La mujer aprende actuando como compañera de la diversión. Meter el tiempo real en un tiempo de ficción.

Inés es la voz, es la creadora de personajes, de situaciones, de acontecimientos, de esa imaginación brillante, revoltosa, creativa, necesaria para formular tanto una historia como personajes verídicos que se confunden con el medio ambiente real. Jugar.

Con un “click”, Mariana expande el mundo. Lo primero que hace es inventar el nombre de su propio personaje: Menia, una maga destinada a descubrirle una realidad distinta, emerge en una aldea medieval donde obtendrá logros, conquistas, victorias, miedos, sufrimiento, muerte, amor, decepciones: el fruto de quien lucha por una meta. Menia, soy Menia. Llevo la música por dentro… levanto los brazos y contoneo la cadera figurando círculos perfectos.

Tenemos pues ya, a un personaje ficticio dentro de la ficción. Inés inventa a Mariana, Mariana crea a Menia. Ambas, Mariana y Menia, hablan en primera persona y, con este acto, quien lee, se identifica, rechaza o contempla; disfruta, considera o se hermana con las situaciones de cada una.

Para Mariana el mundo de fantasía es vertiginoso: “Prendida del juego, enajenada, cada lugar que descubro se compone de experiencias novedosas, un sinfín de atracciones me atrapan y se apoderan progresivamente de mi entendimiento”. Frase clave para entender lo que irá sucediendo en los dos mundos/ porque parte de una idea sugerente y, para desarrollarla,  recrea  una determinada circunstancia,  coloca en ella a los personajes elegidos e imagina cuál sería su reacción en esas condiciones, lo que la conduce a una nueva posición y a otra reacción, y así, sucesivamente. En este proceso, el personaje real, Mariana, evoluciona en su vida personal. El personaje virtual, Menia,  se independiza y toma sus propias decisiones, lo que, a su vez, hace reaccionar a Mariana:

Un lugar de encantamiento, sortilegios y revelaciones, me invitaba a escapar de la rutina: privación incomprensible del ensueño. Las ecuaciones absurdas de la vida cotidiana perdían su valor.”

¿No es acaso esto lo que sucede a algunas mujeres que tienen su vida “hecha”? ¿Puede pensarse que es un inconsciente colectivo?: necesitan conocer “lo posible”, además de “lo cierto”. Jugar.

La novela está compuesta de múltiples alteraciones, de tal forma que si observamos la realidad inicial en la historia de las protagonistas y la comparamos con la situación final, encontramos un abanico de crisis que las lleva gradualmente de una acción a otra. Mariana y Menia, transforman la búsqueda en conocimiento y luego en experiencia. Tiempo para que el ensueño encarne, consolidándose hasta alcanzar la madurez que les permita expresar sus secretos, en el momento conveniente. Ambas asumen las posibilidades de reinventarse, independientes, soberanas. Mas el juego da un giro, como el que ceden los trapecistas en salto mortal/ sin red. Y entonces, viene el desconcierto, la realidad y la fantasía se enlazan, las vidas se vinculan, se confunden “desdoblándose para dar fe de una inconcebible dualidad”. Porque Mariana se contagia de Menia haciéndola responsable de lo que le ha mostrado. Y Menia cae dentro del juego en una inevitable realidad. Jugar ya no es grato. ¿Dónde mueren los sueños?

No puedo dar más datos específicos o detalles o aclaraciones, platicarles de otros personajes de la novela, sobre todo los masculinos, que también tienen lo suyo, porque si lo hago, ustedes ya no comprarán el libro, y se trata precisamente de que lo compren, se lo lleven de la mano, lo lean en silencio y en silencio conozcan el alma de estos personajes que decidieron revelarnos sus prisiones.

Lo que sí quiero, es dar a Inés Recamier la bienvenida al mundo de letras. Le reconozco esa libertad desencadenada que ha mostrado al escribir frases y páginas enteras, sin temor a lo que a sus protagonistas sí le temen: la propia sombra. Inés es la amorosa compañera de ellas, la guardiana, la que alerta pasos y les da autonomía para estrellarse contra la tapia de la fantasía o el muro del tedio cotidiano. El suyo ha sido un lento trabajo de asimilación, de madura espera/ para que su novela se fuera haciendo a sí misma. Inés ha sido una mujer que viaja en silencio, sin reposo, ilusionada, una mujer que se atreve a disentir sin hacer juicios y sólo muestra su condición en este espacio textual, con una prosa poética que es, también, personaje esencial de esta novela. Hay que leer a Inés Recamier deteniéndonos en sus imágenes, subrayándola con la inquietud que la sostiene/ y nos sacude.

Por esto, pido un aplauso en reconocimiento por la escritora de ésta, su primera novela que nos lleva “Entre mundos”.