julio 11, 2014

Para mi abuelo, que ya descansa…

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Tuve la fortuna de conocer a mi abuelo joven y vivirlo durante más de cuarenta años. Sin embargo confieso que sé poco de su historia y, por lo tanto, me resulta imposible abarcar todo el cariño de sus hijos, nietos, bisnietos; su hermana, tía Chacha y sobre todo, mi abuela.

Puedo referirme a Chale a través de mis vivencias, de lo mucho que él me dio en vida: las veces que me llevó a un concierto y tuvo la paciencia de enseñarme, otras que fuimos al teatro y luego se disculpó porque la obra había resultado tremendamente mala. Cuando dormía en su casa despertaba temprano a prepararme el desayuno y nos sentábamos en el antecomedor a compartir miradas, cientos de miradas, porque mi abuelo fue un hombre de letras y pocas palabras. A él lo recuerdo en silencio, escuchando su música y siempre leyendo. Mi abuelo fue un hombre culto, discreto y muy inteligente.

Mas, cuando pienso en él, no puedo dejar de pensar en mi abuela. Chale me preparó para vivir en pareja; me enseñó los fundamentos del verdadero amor. Adoraba a su esposa, y conforme yo fui creciendo y comenzaron las dificultades cotidianas de la vida, fui queriéndolo más. La admiración por mi abuelo empezó cuando niña e incrementó con el tiempo.

El día que cumplí dieciocho años me escribió: “No tengo con qué corresponder a todo el cariño que me has dado en tus primeros años de vida, como no sea el que yo tengo por ti en los últimos de la mía”. Ese día su mirada se cristalizó y sus ojos se mojaron de ternura.

El tiempo corrió, estaba contenta de tener a mis abuelos. Hasta una tarde, meses atrás, que vi su rostro contraído en un gesto de dolor y pregunté, “¿Qué te duele, Chalito?” Nunca voy a olvidar su respuesta. Me miró a los ojos, como hacía siempre y respondió: “Mija, me duele seguir viviendo”.

El tiempo se detuvo para este hombre que creció grande, se hizo viejo, y luego jugó conmigo a cantar rimas y contar poesía. Sus últimos días se fundieron con los primeros años de mi vida. Bastó un recuerdo para inmortalizar ese verso que él escribió para mí, y compensar el afecto; los días de cariño y devoción.

Abuelo, hiciste justicia, te quedas con todos nosotros en esencia y amor.

Descansa en paz.

 

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