Homenaje a un gran artista: Pancho Cárdenas

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La Madre Tierra es una deidad que aparece en diferentes mitologías.

Representa a la tierra, porque la tierra es la madre del principio de la vida.

 

La extensa obra de Pancho Cárdenas nos lleva a transitar desde los orígenes de nuestra cultura -el anclaje a raíces preestablecidas-, hasta las cadenas que nos sujetan al adoquinado y el absolutismo de una autoridad despreocupada. Conforme visualizamos la complejidad de cada una de sus obras, vamos andando un empedrado y tropezando con sátiras erigidas en atrevidos reproches. Pancho tiene la enorme virtud de ser un hombre complejo, tanto como su naturalidad le permite. La franqueza develada es su máxima expresión. Así, con esta misma disimulada gentileza, nos arroja a una hondonada de la que nos es difícil escapar. Pancho juega con doctrinas elementales obligándonos a cuestionar el epílogo substancial de nuestra esencia. ¿Qué somos por naturaleza? Él dice “Somos un grano de arena”. Piel de arena, un conjunto de composiciones concentradas en símbolos nativos de poblaciones oriundas. ¿Oriundas? Pancho nos acerca repentinamente a otras culturas; las retoma haciéndolas nuestras. El medio oriente se ve cercano, la naturalidad del enunciado se describe básicamente en la palabra Fusión. Nos vemos entonces reducidos a una partícula de este algo que Pancho revela: la importancia de pertenecer. La oportunidad de fusionar ideas para continuar creando. El anclaje rompe cadenas cuando nos descubrimos capaces de enunciar nuevas doctrinas. El pensamiento toma un fresco de aire. Aquí la mayúscula, el escultor se hace poeta; él pinta, inventa y luego concibe. Fecunda como la tierra. Nos envuelve en un halo de autonomía. El desembarazo cobra atrevimiento. La soltura de sus obras conlleva a la rebeldía. El maestro se transforma para corresponder a una realidad auténtica y de pronto, sin saberlo, vinculamos con él, unimos fuerzas, comunicamos, nos volcamos en esta espontaneidad propuesta luego de un largo transitar por los orígenes, el inicio: La madre tierra. Seamos parte de un todo que difícilmente comprendemos y sin embargo nos exime de un escenario de eslabones, ataduras y grilletes. Seamos parte de un vuelo. Rompamos ligaduras. Seamos cómplices en un viaje que se nos presenta sin pedir nada. Subamos a ese camello, cabalguemos, apoderémonos del águila y abracemos a estas palomas disimuladas en la obra de un gran maestro. Contribuyamos a la Celebración del Fuego Nuevo. Aprovechemos la oportunidad para renacer y liberar encadenamientos. Yo agradezco enormemente a Pancho, con la esperanza de algún día poder manifestar substancialmente lo que me causa su Arte: una pincelada ágil que muestre la holgura de cualquiera que sea mi antojo. Pancho Cárdenas representa al despojo mismo, su destreza es absoluta.

Una fuente inagotable de sabiduría que plasma sin la intención inevitable en los que tenemos la oportunidad de apreciar su obra: filosofía franca que nos invita a coexistir. Seamos un grano de arena prolongado. Habitemos en ésta, La madre tierra, convergiendo bajo el principio básico de la osadía de vivir.

Presentación Exposición Re-Inicios

 

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Gracias Tere. Gracias Iram. Gracias a mi adorada Gata por darme la oportunidad de estar aquí con ustedes.

Pensé mucho en qué podría decir con respecto a la obra de estos grandes artistas; entonces descubrí que más allá de cada una de sus creaciones, son seres únicos, distintos incluso entre ellos mismos. Fue aquí donde me pregunté qué similitudes los invita a coincidir en este espacio y no nada más eso; también cuestioné la razón que tuvieron para invitarme a mí a presentar este evento. Así fue que me vertí en ellos, pasé días estoqueándolos; dilucidé durante horas hasta que por fin resolví la ecuación. Hoy me atrevo a presentarlos como uno mismo, plagiando parte de sus experiencias, y acogiendo sus letras como mías para compartir con todos ustedes el proceso de creación que determina la vida de estos seres maravillosos, únicos y semejantes a la vez.

Me atrevo también, a incluirme en sus vivencias.

 

Comienzo:

Le preguntan de dónde viene su inquietud, esta necesidad a veces desequilibrada de escribir. Ella dice que le viene del alma, en su caso desquebrajada desde el nacer.

Allá se mira la eternidad. Se cobija bajo el cielo que toca la tierra y se moja de mar. Observa al infinito y las interrogantes golpean descuidadas. El silencio desgaja impetuoso con el inconsciente. Acaba la paz. La mente se nubla por segundos, recrea los episodios más lastimeros; llora, grita, se dobla ante el momento que escapa. Pequeño despegue de su realidad. El ruido disminuye, el oleaje estrella vehemente contra reminiscencias absurdas de una vida eternamente en paralelo.

No pertenezco.

“La vida me ha tratado mal; he sufrido burla y violencia, humillación, desprecio y soledad. Durante mi niñez construí un escaparate de sublime fantasía, supe crear un mundo interno en donde estar a salvo. De pronto la razón me llamaba, pero yo conocía bien el camino de vuelta a ese otro infinito; espacio de creación.

Él es un Alma. Un alma vieja. Alma ilusa. Ilusión eterna.”

Juntos retozan entre papeles garabateados con lágrimas y susurros perdidos en los olvidos de un viejo cajón. Le preguntan de dónde viene su inquietud. Ella dice que le viene de la sensibilidad; quimeras alimentadas por los ensueños de otros.

La pintura es parte sustancial en sus vidas. En principio, quizás para desahogar los sentimientos que del alma se desbordan. Luego, en la búsqueda constante de encontrar el camino para romper las fronteras del tiempo y ramificarse. Cuando pintan entran en un estado profundo de reflexión, un momento de trance que les permite descubrir más allá de lo urbano.

“Tan perfectos como su obra visual.

Pintan… pintan lo que ven, lo que sienten, lo que la percepción misma les incita a expresar.

Ellos son color, textura y forma. Aprendieron la teoría, luego la técnica. Crearon un estilo, experimentaron con otras inventivas y descubrieron un mundo infinito de posibilidades.”

Ellos pintan, dibujan, esculpen, escriben. Son enamorados virtuosos, filósofos de la vida, maestros innatos de la expresión.

Luego concilian; se vierten los matices, abrazan la existencia misma. El dolor fluye, la nostalgia emana, salta la alegría; los tiempos obscuros marchitan para culminar en un llamado jubiloso de luz. La palabra misma reverdece, cada pincelada resulta perfecta, el pensamiento se disuelve en la substancia. Detrás de la sombra resurgen las almas en un principio desquebrajadas; exhalamos aliento, espíritu y voluntad. El arte se vuelve un todo.

Sólo entonces, pertenecemos.

Artistas que comparten una misma visión: plasmar su esencia en cada uno de nosotros, mostrarnos el fuego que llevamos internamente, la pasión impetuosa que nos conduce de forma impulsiva.

Nos creemos soñadores en búsqueda de una inmortalidad que ya hoy nos engrandece. Somos seres espirituales; hemos llorado ante nuestro destino por sabernos diferentes. Somos voces desgarradoras aclamando legitimidad. Para nosotros la inexistencia es insostenible. Vivimos con la esperanza de conectar y deseamos, más que nada, trascender.

Me considero testigo del trabajo constante, de la lucha inminente, del esfuerzo firme, pero ante todo: De la Intención.

Hoy les agradezco que me acojan como parte de ustedes. Y me atrevo de nueva cuenta a subrayar:

No seamos susurros perdidos en los olvidos de un viejo cajón.

Exaltemos cada minuto de esta tarde. Hagámonos partícipes, cómplices; tratemos de comprender la esencia de estos maravillosos artistas, que hoy nos abren la puerta a un universo distinto.

Deleitémonos pues, en profunda contemplación.

A todos ustedes, les doy la bienvenida y les pido un fuerte aplauso.

 

Días de Lectura en el Colegio Alemán, plantel Lomas Verdes.

Inés Colegio Aleman

 

Por Isabel Campos.

 

-¿Cómo se te ocurrió empezar a escribir? -Yo siempre he escrito, igual que tú, desde chiquita -le explicó Inés a una alumna de quinto año de primaria.

Imaginen las reacciones de los niños al recibir esta respuesta de una escritora de cuentos infantiles. Después de unos minutos de recapacitar sobre lo que estaban escuchando, resultó que ellos hacen lo mismo ¡todos escriben! sus historias, sus diarios, los resúmenes… el mensaje fue claro, escribir sus emociones y aventuras para después, al paso de los años, recordar y crear sus propios cuentos. Es un aprendizaje real saber que pueden comunicarse con otras personas a través del lenguaje escrito y a través del tiempo. Que lo que enseñan en el salón de clase tiene un motivo, una función real en el mundo adulto -no sólo aprender reglas gramaticales u ortográficas-, la enseñanza tiene como objetivo final ver que las técnicas de escritura llevan un fin independiente de la historia a contar.

Todos estos pensamientos que crecen dentro de los niños pueden, a la larga, interesar a otras personas, justo como la bestia creada por Inés. Una visita a un museo puede convertirse en una historia de terror a la luz de personas como Inés, que a través de su visión nos deja ver un ángulo diferente de las cosas. Estas son las experiencias que hemos vivido en nuestros días de lectura en el Colegio Alemán, plantel Lomas Verdes, guiando a los niños hacia el mundo de los libros, de las historias, y desarrollando la capacidad de crear un mundo diferente o, más bien, mostrándoles el mundo desde un punto de vista distinto.

Homenaje a Truman Capote. De mi viaje a Nueva York, cuando azotó el huracán Sandy.

 

 

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A Truman Capote

Las letras cursivas representan pasajes sacados de la obra de Truman Capote, “Desayuno en Tiffany´s”.

 

La mañana del día que cumplí cuarenta, desperté llorando. Me cuestionaba si mi trabajo como madre habría sido peor que mi desempeño como hija.

-Feliz cumpleaños -mi esposo se inclinaba para besarme.  Al otro lado de la cama, aguardaba una pequeña caja ceñida divinamente por un listón blanco que destacaba el azul pálido del envoltorio. Tiré de un lado de la cinta, a sabiendas de que este momento no iba a repetirse nunca, y abrí el paquete.

-¿Te gusta?

Una desmerecida sonrisa se dibujó en mi semblante apesadumbrado. Saqué cuidadosa los pendientes de plata que acompañaban una sortija.

-Pruébatelo.

Puse el anillo en mi índice; dos argollas enlazaron discretas revelando quimeras pasadas y ensueños postergados. Coincidí con la mirada de mi hombre, y me descubrí sujeta al ahogo de los últimos tropiezos. Entendí que debía soltar el dolor. Sólo entonces sonreí, plena, y me incorporé de vuelta a la vida.

Por razones que confino, sufrí de una infancia inestable. Adolescente, adolecí; hubo días enteros que lloré por lo que no tenía. Ansiaba, ansiaba tanto en mi vida… y fueron precisamente ésas las ansias que me crecieron así, inquieta y preocupada. Durante años, escapé a cuántos mundos ajenos, extraviándome en alucinaciones literarias que daban sentido al existir y me decreté autora, y empecé a escribir.

La mañana del día que cumplí cuarenta la dediqué a conmemorar imágenes de recuerdos ficticios; caudales de memorias apaciguan mis momentos más oscuros… Te entra miedo y te pones a sudar horrores, pero no sabes de qué tienes miedo. Sólo que va a pasar alguna cosa mala, pero no sabes cuál. ¿Has tenido esa sensación? Si sonreí, plena, fue porque Holly Golightly, una de las figuras del Nueva York más sofisticado, hubiera dado todo por esta vivencia tan efímera como real y, por vez primera, solamente mía.

Han transcurrido casi dos años de conflicto constante. Un par de semanas atrás, dos camionetas nos cerraron el paso comprometiendo una violenta persecución de aproximadamente cuatro minutos. Días después fui testigo de la agresión de una mujer que se lanzó a golpes contra la dueña de un establecimiento de artículos para la fiesta de Todos los Santos. Fuimos a comprar un muñeco espantoso que abría los ojos y hacía ruidos horripilantes, y digo abría porque esa misma noche los amigos de mi hijo lo destruyeron saliendo de casa. Horas después -me avergüenza decirlo-, atropellé a una mujer con su niña en brazos.

Me tiré en cama, medicada, a observar el techo que nunca cambió su forma ni su color. Pero ¿cómo le pones remedio? No sé, a veces ayuda una copa.

Mi esposo se acercó a darme un beso y preguntó en voz baja:

-¿Quieres que te lleve a conocer Tiffany?

Me calma de golpe, ese silencio, esa atmósfera tan arrogante; en un sitio así no podría ocurrir nada malo, sería imposible…

-Sí -respondí silente.

Él me abrazó, conteniendo, y yo lo miré de cerca y agradecí.

 

Luces. Cámara. Acción.

Organizó una aventura de menos de tres días y reservó un tiempo especial para mí, en ese paraíso que es Tiffany´s, la famosa joyería neoyorquina. Entonces, el desastre. Un huracán azotó la ciudad dejando sin hogar a miles de familias. No podía creerlo. Vuelos cancelados, teatros, comercios, restaurantes… La Quinta Avenida se convertía en algún otro sueño roto de estos tantos que últimamente atormentan. Otra cosa, he tirado todos los horóscopos. Debo de haberme gastado un dólar por cada una de las malditas estrellas que hay en el maldito planetario. Regresé a la cama, implorando por las víctimas que mi desventura habría condenado. Es un fastidio, pero la solución consiste en saber que sólo nos ocurren cosas buenas si somos buenos. ¿Buenos? Más bien quería decir honestos.

Yo he sido honesta. Supe que contaría historias cuando descubrí a Truman Capote y su Desayuno en Tiffany´s. Crecí mi vida en el esplendor de esta mujer distinguida y seductora, Holly Golightly.

…la ciudad entera zozobraba bajo una verdadera tempestad marina. No hubiera sido de extrañar que apareciesen tiburones nadando por el cielo, pero parecía improbable que ningún avión consiguiera atravesarlo. Mi esposo sabía lo importante que era envalentonarse y arriesgar, por esto …haciendo caso omiso de mi animado convencimiento de que el vuelo no despegaría, siguió haciendo sus preparativos… Y cuando alguien preguntó por qué viajaríamos en un momento de desastre, yo respondí, resuelta:

-No vamos a Nueva York, voy a conocer Tiffany y, hasta donde sé, la joyería no ha cerrado.

Como ella, comprobé …que lo que mejor me sienta es tomar un taxi e ir a Tiffany´s. Me calma de golpe, ese silencio, esa atmósfera tan arrogante; en un sitio así no podría ocurrirte nada malo, sería imposible…

Finalmente, cumplí un sueño de estos tantos; el más romántico quizás a pesar de que muy pocos comprendan, porque mientras otros respiraban el ruido de las máquinas que limpiaban la ciudad, yo me bañaba en letras y ultimaba ensueños postergados.

Para mi abuelo, que ya descansa…

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Tuve la fortuna de conocer a mi abuelo joven y vivirlo durante más de cuarenta años. Sin embargo confieso que sé poco de su historia y, por lo tanto, me resulta imposible abarcar todo el cariño de sus hijos, nietos, bisnietos; su hermana, tía Chacha y sobre todo, mi abuela.

Puedo referirme a Chale a través de mis vivencias, de lo mucho que él me dio en vida: las veces que me llevó a un concierto y tuvo la paciencia de enseñarme, otras que fuimos al teatro y luego se disculpó porque la obra había resultado tremendamente mala. Cuando dormía en su casa despertaba temprano a prepararme el desayuno y nos sentábamos en el antecomedor a compartir miradas, cientos de miradas, porque mi abuelo fue un hombre de letras y pocas palabras. A él lo recuerdo en silencio, escuchando su música y siempre leyendo. Mi abuelo fue un hombre culto, discreto y muy inteligente.

Mas, cuando pienso en él, no puedo dejar de pensar en mi abuela. Chale me preparó para vivir en pareja; me enseñó los fundamentos del verdadero amor. Adoraba a su esposa, y conforme yo fui creciendo y comenzaron las dificultades cotidianas de la vida, fui queriéndolo más. La admiración por mi abuelo empezó cuando niña e incrementó con el tiempo.

El día que cumplí dieciocho años me escribió: “No tengo con qué corresponder a todo el cariño que me has dado en tus primeros años de vida, como no sea el que yo tengo por ti en los últimos de la mía”. Ese día su mirada se cristalizó y sus ojos se mojaron de ternura.

El tiempo corrió, estaba contenta de tener a mis abuelos. Hasta una tarde, meses atrás, que vi su rostro contraído en un gesto de dolor y pregunté, “¿Qué te duele, Chalito?” Nunca voy a olvidar su respuesta. Me miró a los ojos, como hacía siempre y respondió: “Mija, me duele seguir viviendo”.

El tiempo se detuvo para este hombre que creció grande, se hizo viejo, y luego jugó conmigo a cantar rimas y contar poesía. Sus últimos días se fundieron con los primeros años de mi vida. Bastó un recuerdo para inmortalizar ese verso que él escribió para mí, y compensar el afecto; los días de cariño y devoción.

Abuelo, hiciste justicia, te quedas con todos nosotros en esencia y amor.

Descansa en paz.

 

Para todos los niños del mundo

Yo soy escritora, y me digo escritora porque lo que más me gusta hacer es escribir. Empecé cuando era niña, como ustedes, escribía en mi diario o redactaba cartas a mis amigas, tarjetas de cumpleaños… lo que fuera que me permitiera jugar un rato con las palabras. Me gusta cómo suenan las palabras; los escritores tenemos la fortuna de hacerlas nuestras: las reinventamos, las revolvemos y nos atrevemos a ponerlas en papel.

Se requiere de mucho valor para escribir. Y no importa lo que digan ni cómo lo digan, siempre y cuando se atrevan. ¡Todos podemos escribir!

Escribir es un hábito, es atreverse a contar. Las palabras viven en el interior de cada uno de nosotros. Pensamos en palabras, algunas veces las decimos en voz alta; otras, las atesoramos en el silencio.

No es cierto que todo esté contado. Las historias se matizan diferentes dependiendo de la persona que las cuenta. La virtud de un escritor consiente que los sueños se dejen soñar y se expresen las sensaciones que muchas veces censuramos.

Para mí, escribir es un escape, un desahogo, una forma de conversar. Yo les digo a todos ustedes: ¡Escriban, atrévanse a contar!